Wednesday, July 30, 2008

...me he de comer esa tuna?


La idea era pasarla bien sin embargo, resultó mejor.

El domingo visitamos nuevamente playa El Canal, una playa sumamente atractiva y tranquila con dirección a Alvarado, a poco menos de una hora del puerto en autobús. Resultó muy reconfortante porque, desde que partimos a temprana hora la plática y los anécdotas recordados fueron muy amenos. Después fue mejor: nos distrajimos tanto en la plática, que aunque íbamos pendientes a la parada en la que bajaríamos del autobús, esta se nos pasó y no pudimos bajar sino hasta unos mínimo, 100 mts.

Resultó divertido porque, aunque parecía que sería cansado, gracias a ello pudimos acercarnos a las nopaleras que se encuentran a lo largo de la carretera y las cuales se encuentran con un shingo (pero shingo) de tunas mismas que se veían sumamente sabrosas.

¿ Y de que color son las tunas ? Yo por lo menos las he visto y he probado de dos colores: verdes y rojas, y como para variar había de los dos colores decidimos que podíamos seleccionar las mejores y más grandes como para poderlas comer. Ya la hicimos con el desayuno dijé para mis adentros y además muy natural, muy de campo, fruta fresca pues… y además de a grapa.

Para cuando llegamos a la playa, en la Palapa Moroco (al dueño de esta así se le conoce y quien ha sido muy amable con nosotros), decidimos partirlas para comerlas y pues, que fueran parte del desayuno ¿no?: oh decepción, ninguna se podía comer: si no estaban verdes, estában amargas o ácidas. La verdad es que ni las espinadas ni el riesgo a que nos saliera una culebra de ese monte, valieron el esfuerzo. Muy bonitas muy bonitas, pero no se podían comer. Ni modo.

Fue el dato anecdótico porque ¿estarán de acuerdo en que la idea ni remotamente fue ir a comer tunas ? pero si la de convivir y disfrutar de la compañía de los amigos en un ambiente sumamente relajante a quienes en lo personal les agradezco mucho.

De lo que quiero aprender.


El día de ayer presencié una situación bastante desagradable: un compañero discutía por teléfono con quien parecía su esposa.

Fue muy extraño porque este tipo de situaciones por ser personales generalmente no se hacen en presencia de nadie (en ese momento habíamos por lo menos unas 6 personas cercanos a el).

Sin justificar, entiendo se vio obligado a enfrentar una discusión que fue subiendo de tono y en la que, quizás por la “confianza” de estar entre nosotros y el respeto que tendríamos, lo llevó a mantener la misma.

¿Que es lo que discutían? ya es chisme y realmente no importa. Lo importante para mi es notar que no solo se involucran ellos saliéndose de control sino que involucran también al resto de la familia usando y llevándose en medio de todo esto a los hijos a quienes a corto o largo plazo, es a quienes les afecta y los puede marcar en la vida. Comprobado.

Que difícil una situación de pareja en la que se llegue a un grado tal en la que el respeto se ha perdido, cuando la ilusión que quizás los unió era la de construir la felicidad y todo lo que ello implica.

Las discusiones, pleitos y diferencias entre las parejas siempre van a existir lamentablemente pero también siempre habrá formas de solución. Lo que quiero aprender de esto es que, lejos de discutir en público o en privado, nunca se debe perder el respeto para con quien se quiso construir la felicidad y encontrar desde luego las respuestas que siempre están y que den solución a los problemas que como adultos podamos ocasionar sin que llegar a lastimar a los hijos.